lunes, 15 de octubre de 2007

Benedicto XVI presenta a Hilario de Poitiers

Intervención durante la audiencia general


CIUDAD DEL VAICANO, miércoles, 10 octubre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles dedicada a presentar la figura de san Hilario de Poitiers, padre de la Iglesia.


* * *


Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera hablar de un gran padre de la Iglesia de Occidente, san Hilario de Poitiers, una de las grandes figuras de obispos del siglo IV. Ante los arrianos que consideraban el Hijo de Dios como una criatura, si bien excelente, pero sólo una criatura, Hilario consagró toda su vida a la defensa de la fe en la divinidad de Jesucristo, Hijo de Dios y Dios como el Padre, que le engendró desde la eternidad.

No contamos con datos seguros sobre la mayor parte de la vida de Hilario. Las fuentes antiguas dicen que nació en Poitiers, probablemente hacia el año 310. De familia acomodada, recibió una formación literaria, que puede reconocerse con claridad en sus escritos. Parece que no se crió en un ambiente cristiano. Él mismo nos habla de un camino de búsqueda de la verdad, que le llevó poco a poco al reconocimiento del Dios creador y del Dios encarnado, muerto para darnos la vida eterna. Bautizado hacia el año 345, fue elegido obispo de su ciudad natal en torno al 353-354.

En los años sucesivos, Hilario escribió su primera obra, el «Comentario al Evangelio de Mateo». Se trata del comentario más antiguo en latín que nos ha llegado de este Evangelio. En el año 356 asistió como obispo al sínodo de Béziers, en el sur de Francia, el «sínodo de los falsos apóstoles», como él mismo lo llama, pues la asamblea estaba dominada por obispos filo-arrianos, que negaban la divinidad de Jesucristo. Estos «falsos apóstoles» pidieron al emperador Constancio que condenara al exilio al obispo de Poitiers. De este modo, Hilario se vio obligado a abandonar Galia en el verano del año 356.

Exiliado en Frigia, en la actual Turquía, Hilario entró en contacto con un contexto religioso totalmente dominado por el arrianismo. También allí su solicitud como pastor le llevó a trabajar sin descanso a favor del restablecimiento de la unidad de la Iglesia, basándose en la recta fe formulada por el Concilio de Nicea. Con este objetivo, emprendió la redacción de su obra dogmática más importante y conocida: el «De Trinitate» (sobre la Trinidad).

En ella, Hilario expone su camino personal hacia el conocimiento de Dios y se preocupa de mostrar que la Escritura atestigua claramente la divinidad del Hijo y su igualdad con el Padre no sólo en el Nuevo Testamento, sino también en muchas páginas del Antiguo Testamento, en las que ya se presenta el misterio de Cristo. Ante los arrianos, insiste en la verdad de los nombres del Padre y del Hijo y desarrolla toda su teología trinitaria partiendo de la fórmula del Bautismo que nos entregó el mismo Señor: «En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

El Padre y el Hijo son de la misma naturaleza. Y si bien algunos pasajes del Nuevo Testamento podrían hacer pensar que el Hijo es inferior al Padre, Hilario ofrece reglas precisas para evitar interpretaciones equívocas: algunos textos de la Escritura hablan de Jesús como Dios, otros subrayan su humanidad. Algunos se refieren a Él en su preexistencia el Padre; otros toman en cuenta el estado de abajamiento («kénosis»), su descenso hasta la muerte; otros, por último, lo contemplan en la gloria de la resurrección.

En los años de su exilio, Hilario escribió también el «Libro de los Sínodos», en el que reproduce y comenta para los hermanos obispos de Galia las confesiones de fe y otros documentos de sínodos reunidos en Oriente alrededor de la mitad del siglo IV. Siempre firme en la oposición a los arrianos radicales, san Hilario muestra un espíritu conciliador ante quienes aceptaban confesar que el Hijo se asemeja al Padre en la esencia, naturalmente intentando llevarles siempre hacia la plena fe, según la cual, no se da sólo una semejanza, sino una verdadera igualdad entre el Padre y el Hijo en la divinidad.

Esto también nos parece característico: su espíritu de conciliación trata de comprender a quienes todavía no han llegado a la verdad plena y les ayuda, con gran inteligencia teológica, a alcanzar la plena fe en la divinidad verdadera del Señor Jesucristo.

En el año 360 ó 361, Hilario pudo finalmente regresar del exilio a su patria e inmediatamente volvió a emprender la actividad pastoral en su Iglesia, pero el influjo de su magisterio se extendió de hecho mucho más allá de los confines de la misma.

Un sínodo celebrado en París en el año 360 o en el 361 retomó el lenguaje del Concilio de Nicea. Algunos autores antiguos consideran que este cambio antiarriano del episcopado de Galia se debió en buena parte a la fortaleza y mansedumbre del obispo de Poitiers.

Esta era precisamente su cualidad: conjugar la fortaleza en la fe con la mansedumbre en la relación interpersonal. En los últimos años de su vida compuso los «Tratados sobre los Salmos», un comentario a 58 salmos, interpretados según el principio subrayado en la introducción: «No cabe duda de que todas las cosas que se dicen en los salmos deben entenderse según el anuncio evangélico de manera que, independientemente de la voz con la que ha hablado el espíritu profético, todo se refiere al conocimiento de la venida nuestro Señor Jesucristo, encarnación, pasión y reino, y a la gloria y a la potencia de nuestra resurrección» («Instructio Psalmorum» 5).

Ve en todos los salmos esta transparencia del misterio de Cristo y de su Cuerpo, que es la Iglesia. En varias ocasiones, Hilario se encontró con san Martín: precisamente el futuro obispo de Tours fundó un monasterio cerca de Poitiers, que todavía hoy existe. Hilario falleció en el año 367. Su memoria litúrgica se celebra el 13 de enero. En 1851 el beato Pío IX le proclamó doctor de la Iglesia.

Para resumir lo esencial de su doctrina, quisiera decir que el punto de partida de la reflexio´n teológica de Hilario es la fe bautismal. En el «De Trinitate», Hilario escribe: Jesús «mandó bautizar “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Cf. Mateo 28,19), es decir, confesando al Autor, al Unigénito y al Don. Sólo hay un Autor de todas las cosas, pues sólo hay un Dios Padre, del que todo procede. Y un solo Señor nuestro, Jesucristo, por quien todo fue hecho (1 Corintios 8,6), y un solo Espíritu (Efesios 4,4), don en todos... No puede encontrase nada que falte a una plenitud tan grande, en la que convergen en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo la inmensidad en el Eterno, la revelación en la Imagen, la alegría en el Don» («De Trinitate» 2, 1).

Dios Padre, siendo todo amor, es capaz de comunicar en plenitud su divinidad al Hijo. Me resulta particularmente bella esta formulación de san Hilario: «Dios sólo sabe ser amor, y sólo sabe ser Padre. Y quien ama no es envidioso, y quien es Padre lo es totalmente. Este nombre no admite compromisos, como si Dios sólo fuera padre en ciertos aspectos y en otros no» (ibídem 9,61).

Por este motivo, el Hijo es plenamente Dios sin falta o disminución alguna: «Quien procede del perfecto es perfecto, porque quien lo tiene todo le ha dado todo» (ibídem 2,8). Sólo en Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, encuentra salvación la humanidad. Asumiendo la naturaleza humana, unió consigo a todo hombre, «se hizo la carne de todos nosotros» («Tractatus in Psalmos» 54,9); «asumió la naturaleza de toda carne y, convertido así en la vid verdadera, es la raíz de todo sarmiento» (ibídem 51,16).

Precisamente por este motivo el camino hacia Cristo está abierto a todos, porque ha atraído a todos en su ser hombre, aunque siempre se necesite la conversión personal: «A través de la relación con su carne, el acceso a Cristo está abierto a todos, a condición de que se desnuden del hombre viejo (Cf. Efesios 4,22) y lo claven en su cruz (Cf. Colosenses 2,14); a condición de que abandonen las obras de antes y se conviertan para quedar sepultados con Él en su bautismo, de cara a la vida ( Cf. Colosenses 1,12; Romanos 6,4)» (Ibídem 91, 9).

La fidelidad a Dios es un don de su gracia. Por ello, san Hilario pide al final de su tratado sobre la Trinidad poderse mantener siempre fiel a la fe del bautismo. Es una característica de este libro: la reflexión se transforma en oración y la oración se hace reflexión. Todo el libro es un diálogo con Dios. Quisiera concluir la catequesis de hoy con una de estas oraciones, que se convierte también en oración nuestra: «Haz, Señor --reza Hilario movido por la inspiración-- que me mantenga siempre fiel a lo que profesé en el símbolo de mi regeneración, cuando fue bautizado en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Que te adore, Padre nuestro, y junto a ti a tu Hijo; que sea merecedor de tu Espíritu Santo, que procede de ti a través de tu Unigénito… Amén» («De Trinitate» 12, 57).

jueves, 11 de octubre de 2007

Temario de la asignatura

Introducción




  1. ¿Quién decís que soy yo? (Introducción de J.L. Martín Descalzo)
  2. El Cristo de cada generación.
  3. El Cristo de la fe

Capítulo primero: Cristología fundamental

  1. Lectura cristológica de la parábola del hijo pródigo
  2. El misterio escondido de Dios: La teofanía bajo la encina de Mambré
  3. La Creación: primera Alianza de Dios con los hombres. Liturgia de la primera Alianza. Sacramentalidad originaria: familia, trabajo.
  4. La kénosis del Verbo: el título de Hijo como nuda propiedad, Cristo "se hizo pecado"

Capítulo segundo: Las mediaciones en el Antiguo Testamento

  1. Continuidad entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento
  2. Mediaciones ascendentes: real, sacerdotal y profética
  3. Mediaciones descendentes: el ángel de Yavhé, la sabiduría, el hijo del hombre

Capítulo tercero: Los títulos cristológicos

  1. Cristo (Mesías)
  2. Jesús, el Señor
  3. Jesús, el Hijo de Dios

Capítulo Cuarto: Los nombres con los que Jesús se designa a sí mismo (Ratzinger, Jesús de Nazaret, pp. 371 a 410)

  1. El hijo del hombre
  2. Hijo
  3. Yo soy

Capítulo Quinto: Cristo, centro y fin de la Historia (O.M.R., El misterio de Cristo, pp. 117 a 137)

  1. Por nosotros los hombres: finalidad de la Encarnación y razones de conveniencia
  2. La libertad divina en la Encarnación

Capítulo sexto: La filiación divina de Jesús y el Concilio de Nicea. (O.M.R., cit., pp. 167-189)

  1. Las herejías trinitarias: monarquianismo y subordinacionismo
  2. Tertuliano
  3. Orígenes
  4. Los esquemas "logos-sarx" y "logos-antropos"
  5. El arrianismo
  6. El Concilio I de Nicea
  7. El apolinarismo y el alma de Cristo

Capítulo séptimo: La unicidad de la persona de Cristo (pp. 191-212)

  1. Planteamiento de la cuestión
  2. Las tres grandes tradiciones cristológicas: alejandrina, antioquena y latina.
  3. La crisis nestoriana
  4. El Concilio de Éfeso: tensiones del Concilio (431), la doctrina de san Cirilo, Acta de unión del año 433.

Capítulo octavo: Unión y distinción entre la Humanidad y la divinidad de Jesús (pp. 213-254)

  1. El monofisismo
  2. El Concilio de Calcedonia (451)
  3. El Concilio II de Constantinopla (533)
  4. El Concilio III de Constantinopla (681)

Capítulo noveno: La unión hipostática. (pp. 255-291)

  1. Las tres "opiniones" sobre el modo de unión de las dos naturalezas
  2. Concepto de unión hipostática
  3. La unidad ontológica de la Persona: el Ser de Cristo
  4. La unidad psicológica de la Persona: el yo de Cristo

Capítulo décimo: El concepto moderno de Persona y su incidencia en Cristología (pp. 293-308)

  1. La "revolución" cartesiana.
  2. Anton Günter
  3. Antonio Rosmini
  4. Dificultades en el uso de la noción de persona en teología.
  5. El intento cristológico de Karl Rahner
  6. Las cristologías no-calcedianas

domingo, 7 de octubre de 2007

Catequesis de Benedicto XVI sobre san Cirilo de Alejandría

VATICANO - San Cirilo de Alejandría, “testigo firme e incansable” de Jesucristo, Verbo de Dios encarnado: Papa Benedicto XVI en audiencia general continúa la catequesis sobre los Padres Apostólicos
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - A su regreso a Vaticano luego de pasar el periodo veraniego en la residencia de Castelgandolfo, el Santo Padre Benedicto XVI, en la Audiencia General del miércoles 3 de octubre se detuvo sobre la figura de San Cirilo de Alejandría. “Ligado a la controversia cristológica que llevó al Concilio de Éfeso en el 431 y último representante de relieve de la tradición alejandrina -afirmó el Papa en su discurso-, Cirilo fue definido más tarde en el oriente griego ‘guardián de la rectitud’-entiéndase ‘guardián de la verdadera fe’- y además ‘sello de los Padres’.” Cirilo, en efecto, hizo constante referencia a los autores eclesiásticos precedentes, con el fin de mostrar la continuidad de la propia teología con la tradición de la Iglesia, “en la que reconoce la garantía de la continuidad con los Apóstoles y con Cristo mismo”.Venerado como santo tanto en oriente como en occidente, Cirilo en 1882 fue proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa León XIII. Las noticias sobre su primera elección a la sede de Alejandría son muy pocas. Sobrino de Teófilo, Cirilo nació probablemente en Alejandría, Egipto, entre el 370 y el 380, recibió una buena educación, cultural y teológica. A la muerte de su tío Teófilo, en el 412, el aún joven Cirilo fue elegido Obispo de Alejandría, donde gobernó con gran energía por treinta y dos años. En el 417 o 418, “el Obispo de Alejandría se mostró realista al recomponer la ruptura de la comunión con Constantinopla, que era en pie ya desde el 406, como consecuencia de la deposición del Crisóstomo”, recordó Benedicto XVI. Pero las diferencias subsistentes con la sede constantinopolitana se reavivaron en el 428, con la elección de Nestorio a dicha sede, que “en su predicación prefería para María el título de ‘Madre de Cristo’ (Christotókos), en lugar de aquel -ya en aquel momento sumamente querido por la devoción popular- de ‘Madre de Dios’ (Theotòkos). El motivo de esta opinión del obispo Nestorio era su adhesión a la cristología de tipo antioqueño que, para salvaguardar la importancia de la humanidad de Cristo, terminaba afirmando la división respecto de la divinidad”.Cirilo -en aquel entonces máximo exponente de la cristología alejandrina, quien pretendía más bien subrayar fuertemente la unidad de la persona de Cristo- reaccionó fuertemente, dirigiéndose además con una serie de cartas al mismo Nestorio, recordando el “deber de los Pastores de preservar la fe del Pueblo de Dios” e ilustrando con claridad su fe cristológica: “Afirmamos, pues, que son diversas las naturalezas que se han unido en verdadera unidad, pero de las dos resulta un solo Cristo y un solo Hijo, no porque a causa de la unidad se haya eliminado la diferencia de naturalezas, sino porque divinidad y humanidad, reunidas en unión indecible e inenarrable, han producido para nosotros al solo Señor y Cristo e Hijo”. El obispo de Alejandría logró que Nestorio fuese repetidamente condenado también por el Concilio realizado en Éfeso en el 431, el tercero ecuménico. La asamblea, que se desarrolló también con otros temas, concluyó con el primer gran triunfo de la devoción a María y con el exilio de Obispo constantinopolitano que no quería reconocer a la Virgen el título de “Madre de Dios”. Cirilo supo, sin embargo, llegar ya en el 433 a una fórmula teológica de compromiso y de reconciliación con los antioqueños. “Y también esto es significativo -subrayó el Pontífice-: por una parte está la claridad de la doctrina de fe, pero por otra está la búsqueda de una intensa unidad y reconciliación”. Cirilo se dedicó a defender y clarificar su posición teológica hasta la muerte, el 27 de junio del 444. Cirilo ha dejado un gran número de textos, difundidos ya durante su vida en diversas traducciones orientales y latinas, que “son de primordial importancia para la historia del cristianismo”: sus comentarios a muchos libros veterotestamentarios y del Nuevo testamento, numerosas obras doctrinales en defensa de la fe trinitaria y en respuesta a polémicas anticristianas. “San Cirilo de Alejandría, “testigo firme e incansable” de Jesucristo, Verbo de Dios encarnado, -concluyó el Santo Padre-, destacando sobretodo la unidad… la fe en Jesús Logos nacido del Padre está también muy radicada en la historia porque, como afirma san Cirilo, este mismo Jesús vino en el tiempo con el nacimiento de María, la Theotòkos, y estará, según prometió, siempre con nosotros. Esto reviste una grande importancia: Dios que es eterno nació de mujer y permanece con nosotros para siempre. En esta fe vivimos, en esta fe encontramos el camino de nuestra vida.” (S.L.) (Agencia Fides 4/10/2007; líneas 53, palabras 791

viernes, 5 de octubre de 2007

horario de la convivencia

El horario es:

viernes 5:

21.00 cena
22.00 clase 1ª (introductoria)
23.00 examen

sábado 6:

8.30 oración y Santa Misa
9.30 desayuno
10.30 2ª clase
11.10 3ª clase
11.50 4ª clase
12.30 tiempo libre (deporte, estudio, etc)
14.00 comida, tertulia, Santo Rosario
16.30 5ª clase
17.10 6ª clase
17.50 tiempo libre para hacer la oración
19.00 7ª clase
19.40 8ª clase
21.00 cena, película y examen.

domingo 7:

8.30 oración y Santa Misa
9.30 desayuno
10.30 9ª clase
11.10 10ª clase
11.50 deporte/estudio
14.00 comida, tertulia, Santo Rosario
16.30 11ª clase
17.10 12ª clase
18.00 vuelta a casa


Podéis llevar pala de pádel, zapatillas de futbito y balón...esperemos que el tiempo acompañe. No olvidéis llevar ropa de abrigo por si acaso.

Saludos,

martes, 2 de octubre de 2007

El Hijo pródigo de Dios




«Él, que no nació de raza humana, ni de deseo humano ni de voluntad humana, sino del mismo Dios, un buen día lo reunió todo y se marchó con su herencia y su título de Hijo. Se fue a un país remoto, a una tierra lejana..., donde se volvió como son los seres humanos y se quedó vacío. Su propia gente no lo aceptaba y su primera cama fue ¡una cama de paja! Creció entre nosotros igual que una raíz en tierra árida, fue despreciado, fue el más insignificante de los hombres, ante quien uno se tapa la cara. Muy pronto conoció el exilio, la hostilidad, la soledad... Después de haberlo gastado todo llevando una vida de abundancia: su valía, su paz, su luz, su verdad, su vida..., todos los tesoros del conocimiento y la sabiduría y el misterio oculto mantenido en secreto desde tiempo inmemorable; después de haberse perdido entre los hijos de la casa de Israel, después de haber dedicado su tiempo a los enfermos (y no a los ricos), a los pecadores (y no a los justos), e incluso a las prostitutas a quienes prometió que entrarían en el reino de su Padre; después de haber sido tratado como si fuera un glotón y un bebedor, amigo de los recaudadores de impuestos y de los pecadores como una samaritana, un poseído, un blasfemo; tras haberlo entregado todo, hasta su cuerpo y su sangre; tras haber experimentado en sí mismo el dolor, la angustia y la inquietud del alma; tras haber tocado el fondo de la desesperación, con la que se vistió voluntariamente al sentirse abandonado por su Padre, lejos de la fuente que mana agua de vida, gritó desde la cruz en la que estaba clavado: “Tengo sed”. Estaba tendido descansando en el polvo y la sombra de la muerte. Y allí, al tercer día, se levantó de las profundidades del infierno al que había descendido, cargado con los pecados y las tristezas de todos nosotros. Y de pie, erguido, gritó: “Sí, me voy al Padre, a vuestro Padre, a mi Dios, a vuestro Dios”. Y volvió a ascender al cielo. Entonces, en el silencio, mirando a su Hijo y al resto de sus hijos, el Padre dijo a los sirvientes: “¡Rápido! Traed la mejor túnica y ponédsela; ponedle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; ¡comamos y celebrémoslo! ¡Porque mis hijos, que, como sabéis, estaban muertos, han vuelto a la vida; estaban perdidos y han vuelto a ser hallados! Mi Hijo pródigo los ha traído de vuelta”. Entonces todos empezaron a festejarlo vestidos con sus largas túnicas, lavados en la sangre del Cordero»[1].

[1] Pierre Marie, Les fils prodigues e le fil prodigue, citado por Henri J. M. Nowen, El regreso del hijo pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt, PPC Madrid 1999, pp. 62-63.

lunes, 1 de octubre de 2007

Videos de Cristología bíblica a cargo de profesores de la Universidad de Navarra

http://video.google.com/videosearch?q=cristologia&docid=-6405291118591649729

Páginas importantes e imprescindibles

Por gentileza de don Jaime os transcribo las páginas que (él) considera importantes o imprescindibles. Se refieren a la tercera edición de "El misterio de Cristo" de Ocáriz, Mateo Seco, Riestra. En negrita transcribo las imprescindibles:

Capítulo 1: 38-48
Capítulo 2: 55-61, 62-72
Capítulo 3: 84-99; 100-114
Capítulo 5: 139-165
Capítulo 6: 167 - 188
Capítulo 7: 191-211
Capítulo 8: 213 - 228, 229 - 253

Advertencia: se trata de una recomendación que puede resultaros útil.

Bibliografía recomendada


  1. Josep Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La esfera de los libros, Ciudad del Vaticano 2007.
  2. F. Ocariz - L.F. Mateo Seco - J.A. Riestra, El misterio de Cristo, Ed. Eunsa (3ª edición),
  3. Giuseppe Barbaglio, Jesús, hebreo de Galilea. Investigación histórica, Salamanca 2003.
  4. Angelo Amato, Jesús el Señor, BAC, Madrid 2006.
  5. José Luis Martín Descalzo, Vida y misterio de Jesús de Nazaret, 3 volúmenes, Sígueme, Salamanca 2006.
  6. Armand Puig, Jesús. Una biografía, Destino, Barcelona 2004.